Sep / 23 / 2026

El crunch también se saborea

El crunch también se saborea
Cultura & lifestyle

¿Por qué una botana puede parecer más crujiente y fresca solo por cómo suena?

Abres una bolsa.

Sacas una papa.

Muerdes.

CRUNCH.

Y antes de terminar de pensar en:

chile.

limón.

sal.

o cualquier otro sabor...

tu cerebro ya recibió otra información:

cómo sonó esa mordida.

Normalmente pensamos que comer ocurre principalmente con:

  • la lengua,
  • la nariz,
  • y quizá la textura dentro de la boca.

Pero nuestra experiencia con la comida es mucho más multisensorial.

También intervienen:

  • la vista,
  • el tacto,
  • y sí:
  • el oído.

De hecho, existen experimentos donde simplemente cambiar artificialmente el sonido que produce una papa al morderla ha cambiado qué tan crujiente y fresca la perciben las personas.

Así que quizá ese:

CRUNCHHHH.

no sea únicamente ruido.

También forma parte del snack. 👀

Comemos con más sentidos de los que creemos

Piensa en una papa frita.

Antes de probarla ya puedes:

  • ver su color,
  • observar su forma,
  • sentirla entre los dedos,
  • percibir su aroma,
  • y escuchar cuando se rompe.

Después llegan:

  • el sabor,
  • la temperatura,
  • la textura,
  • y todas las sensaciones dentro de la boca.

Tu cerebro no necesita analizar cada señal por separado.

Las combina para construir una sola experiencia:

“estoy comiendo esto”.

Por eso la percepción de un alimento puede cambiar incluso si la receta permanece exactamente igual.

Ilustración del hechicero descubriendo que el sonido producido al romper una botana mágica también forma parte de cómo percibe su textura

El experimento de las papas que sonaban diferente

Existe un estudio especialmente bueno para explicar todo esto.

Los investigadores Massimiliano Zampini y Charles Spence hicieron que participantes mordieran papas fritas mientras escuchaban mediante audífonos el propio sonido producido por su mordida.

Pero había un detalle.

Los investigadores podían modificar ese sonido.

Podían aumentar:

  • el volumen general,
  • o determinadas frecuencias altas.

Y las papas seguían siendo las mismas.

Entonces ocurrió algo bastante curioso.

Cuando el sonido se escuchaba más fuerte o se amplificaban determinadas frecuencias altas, los participantes tendían a percibir las papas como:

más crujientes

y

más frescas.

Repito:

no cambiaron mágicamente las papas.

Cambió lo que las personas escuchaban mientras las mordían.

Eso significa que nuestros oídos también “evalúan” la textura

No de la misma forma que los dientes o la lengua.

Pero el sonido aporta información.

Cuando un alimento rígido se fractura genera pequeños eventos acústicos.

En algo como una papa pueden ocurrir muchos quiebres diminutos prácticamente al mismo tiempo.

Nosotros escuchamos aquello como:

crack.

crunch.

crrrrk.

La poesía gastronómica está avanzando muchísimo hoy. 😂

Esas señales ayudan al cerebro a construir una interpretación de la textura.

Por eso conceptos como:

  • crujiente,
  • crocante,
  • fresco,
  • duro,
  • quebradizo

no dependen únicamente de lo que sentimos físicamente dentro de la boca.

Entonces… ¿más ruido significa automáticamente mejor?

No.

Ahí necesitamos separar:

percepción

de

preferencia.

Un sonido puede hacer que algo parezca más crujiente.

Eso no significa que absolutamente todas las personas prefieran siempre el snack más ruidoso posible.

También existen alimentos donde buscamos:

  • cremosidad,
  • suavidad,
  • elasticidad,
  • algo masticable,
  • o simplemente una textura mucho menos agresiva.

Una gomita no necesita sonar como si estuvieras pisando hojas secas para funcionar.

Sería preocupante. 😐

La idea importante es otra:

el sonido esperado depende del tipo de alimento.

Cuando queremos papas, muchas veces también queremos el crunch

Imagina unas papas que:

se ven perfectas.

huelen bien.

tienen buen sabor.

Pero al morderlas...

nada.

Se doblan.

No quiebran.

No hacen prácticamente ningún sonido.

Aunque la sazón fuera exactamente la misma, probablemente pensarías:

“estas papas ya están medio aguadas”.

Eso ocurre porque tenemos expectativas sobre cómo debería comportarse ese alimento.

Y el sonido forma parte de esas expectativas.

Crujiente y fresco están muy conectados

En muchos alimentos secos, perder humedad adecuada o absorber humedad del ambiente puede modificar su estructura y hacer que pierdan parte de su textura crujiente.

Por eso solemos utilizar el sonido como una pista indirecta sobre la frescura.

No llevamos un laboratorio portátil.

No analizamos humedad.

No calculamos propiedades mecánicas.

Hacemos:

CRUNCH.

Y el cerebro dice:

“bien”. 😌

En el experimento que mencionamos antes, esa relación fue tan importante que modificar únicamente el sonido alteró también las calificaciones de frescura.

Ilustración del hechicero comparando una botana crujiente recién preparada con otra que perdió textura mientras estudia los diferentes sonidos que producen

No todas las cosas crujientes suenan igual

Aquí se pone todavía mejor.

Una papa gruesa.

Una tortilla frita.

Un bastón de papa.

Una galleta.

Una manzana.

Todos pueden entrar dentro de nuestro universo mental de:

“cosas crujientes”.

Pero claramente no producen exactamente el mismo sonido.

Esto ocurre porque el sonido depende de características físicas como:

  • estructura,
  • grosor,
  • dureza,
  • humedad,
  • forma,
  • y cómo se fractura el alimento.

Estudios que han medido simultáneamente la fractura y el sonido de distintas papas comerciales han encontrado relaciones entre los eventos acústicos, las propiedades mecánicas y la percepción sensorial de qué tan crujiente resulta una papa.

En otras palabras:

el crunch también tiene física.

Un ejemplo perfecto dentro de Monchis

Actualmente tenemos dos formatos que dejan bastante claro este punto.

Las CHIPS FUEGO 42G están descritas como papas de corte grueso con textura firme y crujiente.

Mientras que las CHIPS JALAPEÑO PAPATINAS 31G utilizan pequeños bastones delgados de papa.

Ambas pertenecen al mundo de:

“quiero algo crujiente”.

Pero físicamente no son el mismo snack.

Cambia:

  • la forma,
  • el tamaño de las piezas,
  • la manera de morderlas,
  • y la forma en la que se fracturan.

Por eso incluso dentro de una misma categoría de textura podemos encontrar experiencias distintas.

No necesitamos decir que una es:

“más crujiente”.

Simplemente son dos formatos de crunch diferentes.

¿Por qué comer con audífonos podría sentirse diferente?

Aquí entramos a algo bastante cotidiano.

Cuando utilizas audífonos:

  • escuchas música,
  • una serie,
  • un podcast,
  • o quizá tienes cancelación activa de ruido.

Eso cambia el entorno auditivo alrededor de la comida.

La investigación multisensorial muestra que los sonidos producidos al comer y también el ambiente sonoro pueden participar en la percepción de alimentos y bebidas.

Pero cuidado:

eso no significa que:

“usar audífonos arruina el sabor”.

Ni que:

“comer en silencio siempre sabe mejor”.

La relación depende del alimento, del sonido y del contexto.

Simplemente es otra demostración de que nuestra experiencia no ocurre con los sentidos aislados.

El sonido tampoco crea textura de la nada

Supongamos que tienes una papa completamente suave.

Le ponemos un:

CRUNCH ULTRA HD 8K SURROUND SOUND.

😂

Eso no transforma físicamente la papa.

El sonido puede modificar nuestra percepción.

Pero sigue existiendo información:

  • táctil,
  • mecánica,
  • visual,
  • olfativa,
  • y gustativa.

El cerebro tiene que combinar todo eso.

Por eso hablamos de una experiencia multisensorial, no de un oído controlando mágicamente toda la comida.

Y esto explica un poquito el fenómeno ASMR de comida

Videos donde alguien:

muerde una papa extremadamente crujiente.

corta un alimento.

rompe una cubierta de chocolate.

o acerca un micrófono a una fritura.

pueden resultar extrañamente satisfactorios para algunas personas.

Parte del atractivo está precisamente en que los sonidos de preparación y consumo contienen muchísima información sobre la textura.

Aunque escuchar un video claramente no sustituye comer el alimento.

Tu cerebro simplemente está recibiendo pistas sensoriales muy reconocibles.

Y probablemente pensando:

“Eso suena crujiente.”

Que, casualmente, es exactamente lo que el creador quería. 👀

La bolsa también ayuda a construir la expectativa

Antes de llegar a la primera mordida ya están ocurriendo muchas cosas.

Escuchas:

la bolsa abrirse.

las piezas chocando entre ellas.

el movimiento cuando metes la mano.

Después llega el primer crunch.

Todo eso construye una experiencia.

No significa que el sonido del empaque te diga científicamente si un producto es bueno.

Pero sí muestra algo interesante:

comer empieza antes de que la comida toque la lengua.

Haz un experimento bastante simple

La próxima vez que tengas una botana crujiente:

toma una pieza.

Apaga por unos segundos la televisión o música.

Muérdela lentamente.

Y presta atención únicamente al sonido.

Fíjate en:

  • cuántos pequeños quiebres escuchas,
  • si el sonido es seco o suave,
  • si ocurre de golpe o en varias fracturas,
  • y qué tan importante parece ese sonido para la sensación de textura.

Después vuelve a comer normalmente.

No necesitas empezar a evaluar cada papa como jurado profesional.

La idea es solamente notar algo que normalmente ocurre sin que le prestemos atención.

Ilustración del hechicero disfrutando atentamente el sonido de una botana crujiente durante una tranquila noche en su laboratorio-cueva

Conclusión

Cuando comemos algo crujiente, nuestros dientes no trabajan solos.

La textura produce sonido.

El oído recibe ese sonido.

Y el cerebro combina esa información con:

sabor.

aroma.

tacto.

vista.

y expectativas.

Experimentos incluso han demostrado que cambiar artificialmente el sonido de una misma papa puede modificar qué tan crujiente y fresca creemos que está.

Así que la próxima vez que abras una bolsa y alguien desde la otra habitación pregunte:

“¿qué estás comiendo?”

quizá ni siquiera necesite ver la bolsa.

El crunch ya te delató. 😌🥔

Actualizado: Sep / 23 / 2026